Kiwi, mi frutita

No pensaba escribir acerca del reciente fallecimiento de mi gatita, Kiwi, pero me he decido a hacerlo por si puedo ayudar a alguien. Mientras escribo esto mis ojos están encharcados de lágrimas pero creo que el escribir y compartir esta historia, forma parte de poder superar el duelo.

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Kiwi era una gatita que me encontré un día en la calle, yo por aquel entonces no buscaba tener otro animal pero al verla sentí que era para mí. El hecho de que apareciese así en mi vida me hizo pensar en La Leyenda del hilo rojo que dice que las personas destinadas a conocerse tienen un hilo rojo atado en sus dedos, que ese hilo nunca se rompe ni desaparece a pesar del tiempo que pase y de la distancia. Creo firmemente que ese hilo rojo existe también en humanos-animales, me explico, creo que todos los que tenemos animales tenemos a ese animal por algo, ese animal está hecho para nosotros. Si vas a a un criador/refugio a por un animal, ¿por qué te decides por ese animal y no por otro? De alguna manera quiero pensar que los animales también nos eligen, ese día Kiwi se podía haber ido con otra persona o no haberse dejado coger por mí pero se dejó, ella decidió irse conmigo. Lo que de ninguna manera pensaba es que mi vida con ella iba a ser tan corta, el martes dos de mayo hubiese hecho un año, nos quedaba tanto por vivir que no entiendo porque la vida me la puso en mi camino y me la quito así de una manera tan cruel.

Una vez tuve a Kiwi entre mis brazos, la llevé al veterinario que había cerca del lugar donde me la encontré para que buscarán a su familia pero al no aparecer, me convertí en su nueva familia. Kiwi era una gata especial, era especial porque era hiper-mega cariñosa, juguetona, graciosa, era mi primera gata, una gata que me había elegido como su familia y era preciosa. Era una gata que una vez pasado el periodo de adaptación se llevó estupendamente bien con Lukas, Hanky y los otros dos gatos de la casa. Era especial por que al llegar de trabajar era la primera que salía a recibirme y salía igualmente a decirme adiós cuando me iba de casa, era especial porque al estar estudiando se tumbaba al lado mío, pensaba que nos íbamos a sacar los estudios juntas pero no será así. Era especial porque armario que abría, allí se metía. Era especial porque era mi frutita y la quería muchísimo.

IMG_1838Hace una semana y tres días desde su muerte, no hay día que no lloré y que no me acuerde de ella, incluso sueño con ella. Esta noche mismo, he soñado que se aparecía de repente y que se me enganchaba en mi pierna, como señal de no querer separarse de mí o como me ha dicho un buen amigo, tal vez como señal de que todo está bien y que nos volveremos a reencontrar. Tal vez algunas personas no logren entender este sufrimiento pero yo les diría que el querer a un animal y recibir ese amor por duplicado o por más, es lo más bonito del mundo y que esa pérdida duele, duele mucho y si encima la muerte ha sido de una manera traumática duele todavía más porque no te la esperas, no te ha dado tiempo a prepararte para ella. El día que se murió Kiwi, pensaba en si tiene sentido tener un animal porque cuando se van se pasa realmente mal, todavía hoy lo pienso.

Si me estás leyendo y estás pasando por lo mismo, te diría que llores, que llores todo lo que necesites, que no te escondas y que hables del tema cuando quieras hablar y que no hables de ello si no quieres, en definitiva que hables cuando te sientas preparado para hacerlo. La muerte de un animal implica pasar un duelo (sí el duelo no sólo se pasa con las personas, por los animales también se pasa). Te diría también que no tengas miedo en pedir ayuda si piensas que lo necesitas, el pedir ayuda a un profesional, muestra lo bonita que es tu alma por sufrir tanto por la muerte de tu compañero/a. El pedir ayuda no es signo de debilidad, al revés a mí me demuestra fortaleza.

También te diría que si decides ampliar la familia lo hagas cuando te sientas preparado, yo ahora mismo no me encuentro con ganas de tener otro animal pero hay personas que el hecho de tener otro animal rápido les ayuda a pasar el duelo mejor. Te diría que el sentirte culpable por su muerte (no haber pasado más tiempo con el animal, decirte a ti mismo que no le tenías que haber dejado salir a la calle etc.) no ayudan, al revés, esos pensamientos lo único que hacen es que te sientas peor. No te sorprendas si al enterarte del fallecimiento de tu compañero/a entras en shock o niegas lo que ha pasado, si piensas en negociar la realidad, si entras en depresión/tristeza o si en un momento estás enfadado con el mundo, culpándolo por la muerte de tu animal, todo lo anterior entra dentro de las fases del duelo. Llegará el momento en que la muerte se aceptará y lo que perdurará es el recuerdo aunque ahora mismo parezca algo muy difícil de conseguir.

Por último te diría que te apoyes en los animales que puedan convivir en tu casa, en tu familia y amigos. Lo más importante es no sentir vergüenza por los sentimientos de tristeza que estás sintiendo, no  los reprimas.

 

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